• martes 12 noviembre 2019

    06-05-2014

    “La economía hoy y mañana”, por Aldo Ferrer



    Muchas gracias, buenas tardes. Estoy muy contento de estar acá con Uds. y poder reflexionar juntos de la economía argentina y más aún estando en una casa del Banco de la Provincia de Bs. As. donde yo pasé cuatro años muy buenos de mi vida, así que otra vez muchas gracias y vamos a tratar de observar que es lo que está pasando hoy en la economía argentina, cuáles son las perspectivas del país y lo primero que hay que observar, porque siempre es bueno no perder la memoria es que no hace mucho tiempo, apenas un poco más de una década, a principios de la década pasada y también a principios de este siglo la Argentina pasó una crisis fenomenal.

    Todos Uds. son muy jóvenes, pero igual recordarán las cosas que pasaron hace 10 años. Argentina estaba en la peor crisis de su historia, porque habíamos tenido situaciones muy difíciles, la crisis del 30, la crisis de 1890. Pero nunca con el grado de desorganización y de incertidumbre con lo cual se planteó la crisis del 2001: la salida de la convertibilidad, la suspensión del pago de la deuda, ausencia (ya que estamos acá en un ambiente de bancarios y bancarias), un país casi sin orden nacional. Recuerdan que las provincias emitían sus propias monedas para pagar sus cuentas. El tema del corralito, el corralón. Es decir una perturbación realmente espectacular que tenía su correlato en la economía real, en la actividad económica que estaba muy deprimida, el desempleo, la concentración del ingreso y una sensación realmente de incertidumbre que no sabíamos realmente a dónde íbamos a parar.

    Ese fue el escenario con el cual culminó un largo período de 25 años de lo que se llamó la estrategia neoliberal, que se implanta con el golpe de estado del 76. Volvemos a la democracia. El gobierno del Dr. Alfonsín cumple con su compromiso de recuperar la constitución, los derechos humanos, el juicio a los responsables del genocidio, pero no logra superar la crisis que había dejado la dictadura, con una deuda impagable, en un escenario internacional muy hostil. Después de esto viene un gobierno constitucional que aplica una política neoliberal hasta las últimas consecuencias, con un tipo de cambio sobrevaluado, donde todo lo que venía de afuera era más barato, vendiendo el petróleo y cuanta cosa había por vender. Como era previsible y algunos lo dijimos, incluso desde la Universidad de Buenos Aires, en lo que se llama el Grupo Fénix, ya en el año 2000 advertimos, y no éramos los únicos, de que esto terminaba en una catástrofe y así fue.

    ¿Qué ha pasado desde esa catástrofe hasta joy? Es decir desde el momento que el país estaba en esa situación tan difícil hasta ahora. ¿Qué ha pasado? Han pasado cosas muy importantes, porque contrariamente a lo que se suponía a principios del 2002 que la única salida era dolarizar la economía, ponernos de rodilla ante el FMI, para que nos resolvieran los problemas, el país tomó otro rumbo. Tomó el rumbo de ponerse de pie con sus propios medios, reestructurar su deuda. A medida que se fue consolidando la situación fiscal en un escenario de pagos internacionales favorables, con buenas exportaciones, con buenos precios, un nivel de importaciones deprimido por la crisis, se dio la paradoja que esta economía que había suspendido los pagos de su deuda, porque no la podía pagar, comenzó a acumular reservas y eso le dio un poder negociador extraordinario para poder plantearle a los acreedores una oferta que no fue la que quería el FMI, ni los acreedores pero fue una oferta que Argentina podía bancar porque tenía con qué y finalmente esa oferta fue aceptada por más del 95% de los tenedores de bonos. En la operación inicial y en la posterior. Este desendeudamiento realmente fue un paso extraordinario porque la deuda de los estados, cuando se llega a esa situación de que no se puede pagar y que se depende de nuevos créditos para refinanciar la deuda es el camino más seguro para la subordinación y la dependencia de los criterios de los especuladores.

    Es lo que nos pasó a nosotros durante todo el período neoliberal. Uds. recuerdan de aquellos años que estábamos pendientes del riesgo país. El riesgo país decía cuánto tenemos que pagar para conseguir nuevos créditos para pagar viejos créditos. Nos levantábamos a la mañana y cuando escuchábamos la radio o antes que la temperatura y el estado del tiempo nos decían cuál era el estado del riesgo país. El país absolutamente subordinado a estos mercados especulativos y a los criterios del Fondo.

    Es, por otra parte, lo que está pasando ahora. Lo que hemos vivido nosotros, no con la misma gravedad porque lo nuestro fue espectacular, pero también está pasando en los países endeudados de Europa, que están sometidos a los mismos criterios de ajustes con un costo económico y social extraordinario. Entonces realmente el poder vivir con los recursos propios, tener un nivel de deuda pagable con los recursos propios, es una condición indispensable para que un país pueda ejercer su soberanía y decidir su propio destino. Es un requisito para que exista un estado nacional porque en condiciones de extremo endeudamiento no hay un estado nacional.Hay un estado neoliberal que no es gobernado por las autoridades que los pueblos han elegido sino que es gobernado por los especuladores.

    La existencia de un estado nacional es condición esencial de la soberanía y de ubicarse en el mundo, no para salirse del mundo que no nos podemos salir, sino para estar en él pero en el comando de nuestro propio destino. Hemos podido hacer cosas precisamente porque nos hemos desendeudado y no dependemos del refinanciamiento del mercado internacional, que el país se permite, por ejemplo, nacionalizar YPF N.deR.: 04-05-12). A pesar del alboroto que todo esto provocó, yo estaba en Europa en ese momento como embajador argentino en Francia. El alboroto que se armó con esta medida en los círculos neoliberales, que se tomaba como una agresión a la inversión privada y en realidad lo que Argentina estaba haciendo es volver a la normalidad. Porque lo anormal fue vender el petróleo, no volver a recuperarlo. Todos los países emergentes, en desarrollo que tienen petróleo tienen una empresa pública que tiene una posición dominante en el mercado. Es decir nosotros volvimos a la normalidad, pero se vivió como un gesto en contra de los criterios del mercado. Argentina se la bancó, y por qué se la bancó. Porque tenía con qué.

    El otro día escribí un artículo en un diario económico y le puse de título “El que tiene plata hace lo que quiere”. Y realmente, cuando un estado nacional tiene plata para estar parado en sus propios recursos, porque no tiene que andar pasando la gorra para buscar plata, tiene sus cuentas en orden, tiene una posibilidad de ejercer su soberanía muy importante, como lo ejemplifica este caso que estoy mencionando de YPF, que como lo vuelvo a decir fue una medida a contrapelo de lo que es hoy el pensamiento dominante en los mercados mundiales. Entonces una cosa fundamental, hemos recuperado la soberanía, hemos recuperado el estado nacional.

    También han pasado otras cosas muy importantes. Las prioridades de las políticas públicas, el énfasis en las políticas sociales, la Asignación Universal por Hijo, una serie de medidas que no son exclusivas de la Argentina porque en buena parte de América latina que se caracteriza, como Uds. saben, por ser la región más desigualy más injusta del mundo el tema social está en primer plano. Hoy se acepta que no es posible funcionar, en condiciones de seguridad, de bienestar de crecimiento sin atender esta cuestión abismal de diferencias de bienestar, de los niveles de vida de la población. Entonces este reconocimiento social es un paso significativo, como lo es también, muy significativo la importancia que se le atribuye actualmente al tema de la ciencia y la tecnología. La creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología (N.de R.: diciembre de 2007), el reconocimiento que el desarrollo en realidad es la capacidad del país de aplicar el conocimiento a la actividad económica y social, y que esto requiere tener un conocimiento científico y tecnológico con investigadores, con institutos que estén ligados a la producción y que permitan elevar la capacidad de conocimiento que se realiza, la producción, el comercio, las operaciones económicas. Este tema de la ciencia y la tecnología, afortunadamente, si Uds. revisan el panorama político complicado de la Argentina, donde todo es cuestionado, sobre esta cuestión de la ciencia y la tecnología prácticamente no hay disenso. Es decir, no hay nadie que esté en contra de esta idea que es fundamental y es un paso importante. Si lográramos lo mismo en otras áreas estaremos dando un gran paso.

    Estos cambios permitieron una recuperación importante de la economía argentina. Hoy es dos veces más grande de lo que era en el 2002. Ha habido un aumento del empleo, ha habido cierta mejora en las cuestiones sociales, de tal manera que la economía pudo salir de aquel pozo profundo en el cual nos había metido la política neoliberal y comenzar a crecer. Una vez que reconocemos esto, al mismo tiempo tenemos que reconocer que desde luego faltan muchas cosas por hacer. Porque esto que se ha logrado abre una agenda importante de temas a futuro que ahora los podemos discutir. ¿Por qué los podemos discutir y eventualmente resolver? Porque ahora somos nosotros los argentinos que estamos en la responsabilidad de resolver nuestros propios problemas. Lo podemos hacer bien, mal regular, pero será nuestra decisión.

    Tenemos ahora la posibilidad de hacer este debate porque estamos en condiciones de enfrentar los problemas. En la década del 90 esto que estoy hablando hoy acá hubiera sido literatura, porque cuando todo lo resolvía el mercado y la última palabra la tenían los especuladores y el FMI de qué desarrollo íbamos a hablar, de qué política nacional íbamos a hablar, cuando la decisión se tomaba en otra esfera. Ahora es relevante que podamos realmente discutir estas cuestiones y allí aparecen los problemas de la economía argentina.

    Uno de ellos, es sin duda, nuestro insuficiente desarrollo industrial. Hemos tenido una recuperación importante de nivel en la actividad industrial, pero las condiciones tan difíciles en que se desarrolló la industria argentina que durante varios períodos soportó políticas directamente contra la industria y en particular contra las pequeñas y medianas industrias. En esas dificultades de largo plazo que hemos tenido en crear un sistema industrial moderno, integrado y de alta tecnología, fuimos generando agujeros negros en nuestro sistema productivo industrial, que se reflejan, por ejemplo, en el déficit en comercio de autopartes de la industria automotriz, o en el déficit que tiene la industria electrónica que ensambla teléfonos celulares, equipos electrónicos, de la tecnología de la información y de la comunicación, o la industria que produce maquinarias y equipos, o algunos sectores de la industria química. Es decir, todos estos sectores donde tenemos un gran déficit, son precisamente aquellos sectores de más alto contenido tecnológico que nosotros todavía no hemos desarrollado. Tenemos que resolver ese problema, que un gran economista argentino, que fue un gran ingeniero y empresario, Marcelo Diamand llamaba la estructura productiva desequilibrada.

    Tenemos un desequilibrio en esa estructura industrial, con una gran insuficiencia en los sectores más avanzados. Esto plantea dos problemas: Uno que es muy difícil incorporar tecnología y avanzar en la aplicación del conocimiento si no se tiene una estructura industrial capaz de incorporar ese conocimiento en el tejido productivo. Si una economía se limita a explotar solamente sus recursos naturales, por definición no puede tener un sistema de ciencia y tecnología, ni puede tener una actitud ni una posibilidad de incorporar masivamente conocimiento en todo su tejido económico y social. Todos los países que tienen una alta capacitación tecnológica y científica son países industriales que han incorporado en su tejido productivo las industrias avanzadas. Entonces tenemos que cerrar esos agujeros negros por razones científicas y tecnológicas. Pero lo tenemos que cerrar también porque esos agujeros negros generan lo que se llama la restricción externa. Es decir, la falta de dólares que periódicamente vuelve a reaparecer y que nos genera un cuadro de incertidumbre que es una larga historia, porque es una característica de este desarrollo industrial que hemos tenido, que periódicamente entramos en momentos de escasez de dólares. Cuando se plantea la escasez de dólares y los operadores económicos y el conjunto de la sociedad percibe que hay un futuro incierto se acelera la inflación, se acelera la dolarización, la fuga del peso hacia los dólares. Tenemos que cerrar esos agujeros negros por razones científicas y tecnológicas y también para resolver este problema, acabar con la escasez de dólares, es decir con la restricción externa.

    Para esto lo fundamental es el desarrollo industrial. Si a esto le agregamos el desarrollo en el sector energético y logramos convertir este déficit actual, por lo menos en una situación balanceada o mejore el superávit, entonces habremos resuelto este tema, es decir, uno de los problemas que tenemos que resolver, incluso para acabar con el tema de la inflación, y el tema de la inestabilidad cambiaria, es fortalecer la capacidad del país de tener en equilibrio el balance de su comercio en materia industrial y en materia energética.

    Tenemos también el problema del orden económico. Hemos logrado, como recordaba, avances muy importantes pero tenemos una tasa de inflación que claramente no conviene. Tenemos incertidumbre cambiaria. Recientemente hemos vivido estos ajustes importantes que fue el reconocimiento que durante un tiempo prolongado se operó con un tipo de cambio que se llama sobrevaluado que agravó el problema de la restricción externa y que llevó después al gobierno a tratar de enfrentar esa escasez de dólares con todas sus consecuencias, con el cepo, con los controles a la importación. Esas medidas no dieron resultados. Finalmente se entró por un camino, a mi juicio más realista, que fue corregir el tipo de cambio y otro conjunto de medidas, algunas en curso, otras que serían convenientes, que permitan resolver este problema de la restricción externa, que como acabo de recordar tiene un problema estructural de largo plazo que no se resuelve de la noche a la mañana porque el desarrollo industrial en estos sectores de vanguardia llevan un tiempo, tenemos que resolver el corto plazo.

    Así estas últimas medidas pueden contribuir a aliviar esta sensación de la escasez de dólares, la baja de reservas del Banco Central y esto requiere tener un tipo de cambio competitivo que favorezca la rentabilidad de la producción argentina para sustituir importaciones, para acceder a los mercados internacionales. Hay que tener una solidez fiscal por aquello que les decía que el que tiene plata hace lo que quiere. Si tenemos un estado fuerte, solvente, parado en sus recursos, que se financia con recursos legítimos que no recurre a la deuda externa ni al crédito del Banco Central el país entonces tiene plata y ese estado es capaz de hacer cosas. Que si no las tiene ya tiene serias dificultades en hacerlas. El ordenamiento macro económico, ahí quedan cosas muy importantes para hacer y ya que estamos acá entre colegas, digamos que alguna experiencia tenemos entre todos Uds. y yo alguna tuve en la presidencia del Banco Provincia.

    Hay muchísimos dólares fuera del circuito económico. La dolarización ha sido un problema histórico en Argentina desde que se instala allá por la década del 50 que fue impresionante. Fueron destruyendo la capacidad del peso de ser un medio de ahorro en la medida que la inflación, el tipo de cambio era cada vez más inestable por la falta de divisas entonces esto estimuló la inflación, y ante la imposibilidad de poder ahorrar en pesos se ahorra en dólares. Si a esto se le agrega que en momentos críticos aparecen los especuladores el tema se complica y tenemos el problema de la fuga de capitales. Entonces tenemos una gran cantidad de plata, de dólares que están fuera del circuito económico, tal vez podrían tomarse algunas medidas como para que si esa plata está en dólares, porque la gente los tiene, se siente más segura, pudiera quedarse en el sistema bancario argentino. Cosa que en buena medida sucedió después de la salida de la crisis del 2001, hubo una buena cantidad de depósitos en los bancos en dólares, que llegó casi a los 20 mil millones de dólares. Después cuando se instaló la idea que se iban a pesificar esos fondos se produjo un drenaje muy fuerte. Pero yo creo que hay una posibilidad en el marco de una política macro económica que modifique las expectativas, que se puedan pesificar esos fondos en el sistema bancario para financiar exportaciones, financiar inversiones, sustitución de importaciones y fomento a las exportaciones tal vez podría hacerse algo en materia de régimen cambiario. Cómo se facilita a la gente que tiene plata, incluso plata en blanco, fuera del circuito, en el exterior, cómo puede hacer para traer sin tener que pasar por diversos tipos de cambio y reciclarlo en el proceso económico interno. Creo que hay una serie de posibilidades allí que podrían contribuir a aliviar este problema de la escasez de dólares. Pero claramente entre lo que tenemos pendiente es consolidar las expectativas, que la sociedad se convenza que la casa la tenemos ordenada, que tenemos plata, que el estado está solvente, que no tenemos que andar pasando la gorra para conseguir tapar agujeros. En la medida que esto se instala en la sociedad, se generan expectativas positivas, que hace que la gente en vez de llevar la plata al dólar la invierta, en inmuebles, en industria, en comercio. Este es un punto pendiente de la agenda, de lo que hemos logrado y de lo que nos falta hacer. Lo que hay que hacer es no volver, como nos recomienda digamos desde la perspectiva neoliberal que la solución es muy fácil, nos faltan dólares, pidamos plata. Pasemos la gorra, eso es lo que hicimos en tiempo de la dictadura y terminamos con la crisis fenomenal del 83 y lo que se hizo en la década del 90 y terminamos con la crisis fenomenal del 2001 incluyendo el default.

    Cuando Argentina produce su suspensión de pagos fue el default más grande de la historia. No había habido hasta ese entonces una suspensión de pagos de la dimensión del caso argentino. Fue todo un acontecimiento. Si entonces la solución a la escasez de dólares es volver a la deuda entonces lo que uno puede decir es que le volverá a pasar lo que le pasó o lo que le está pasando ahora a los europeos. Tenemos que movilizar los recursos internos. Tomar deuda, eventualmente, para producir. Un buen crédito, por ejemplo, para fomentar exportaciones, para fortalecer la infraestructura, para estos desarrollos industriales en los sectores de vanguardia. Desde luego, el crédito para la inversión, para la producción, para la tecnología. Lo que no es bueno es tomar deuda para cerrar agujeros, porque eso termina que cuando llega el momento del pago la situación es mucho peor que antes de pedir el crédito. Cuando eso pasa, y hace falta más crédito para pagar los anteriores, ahí entonces un país renuncia a su estado nacional y a su soberanía. A eso no podemos ni debemos volver. Tenemos ahorro interno, Argentina es un país con muchos recursos. Tiene un nivel de ahorro interno cercano al 30% del PBI. Pero de alguna manera en el imaginario colectivo y esto es fruto de la eficacia de la prédica neoliberal que supone que invertir es atraer inversiones. ¿Cómo se interpreta atraer inversiones? Atraer inversiones extranjeras, se supone que la inversión es la que viene de afuera. Esto es absolutamente falso. Aquí y en todos lados. El ahorro interno es la fuente fundamental del financiamiento del desarrollo de todos los países que funcionan bien. Uds. toman el caso de China, de Corea, el caso nuestro mismo. La inmensa mayoría más del 90% del financiamiento es el ahorro interno. El problema que tenemos nosotros no es ir a buscar plata afuera, es evitar que se nos vaya la nuestra, evitando la dolarización y la fuga de capitales. Entonces el concepto de atraer inversiones, sí que tenemos que atraer, pero básicamente argentinas, de reinversión del ahorro argentino, que después si se complementa, vuelvo a insistir, con préstamos del exterior para hacer algunas cosas más mejor las hacemos. En realidad el crédito externo es bueno cuando no hace falta. Cuando uno no está pendiente del crédito para pagar la luz, y pagar las cuentas de fin de mes, el crédito es bueno, porque uno se puede hacer la casa, hacer una inversión. Con un país pasa lo mismo. Si nosotros tomamos créditos para cerrar estos agujeros que por el subdesarrollo industrial de la restricción externa, esto no funciona. Pero si tomamos crédito para invertir, bienvenido sea.

    La charla esta se llama La economía argentina, hoy y mañana. Entonces el hoy es lo que acabo de tratar de resumir muy brevemente. Pensemos un poco en el mañana. Creo que se ha producido una transformación muy profunda en la realidad argentina. En cierto sentido estamos en la mejor situación desde la que en la crisis de 1930 se derrumba el viejo modelo primario exportador y el país tiene que empezar su proceso de transformación. Creo que nunca se dieron como ahora algunas condiciones fundamentales es decir, tenemos una plataforma para la transformación que no tuvimos en otros tiempos. En primer lugar seguimos contando, lo que es proverbial en Argentina, con una muy amplia variedad de recursos. Un gran potencial, grandes recursos naturales, tiene una población racionalmente educada, tiene capacidad de gestión del conocimiento. Tenemos muchos ejemplos. Esta empresa INVAP, que está en Bariloche, que hace artefactos de altísima complejidad: radares, plantas nucleares, de investigación. Hemos demostrado en diversos casos que hay una amplia capacidad de gestionar conocimiento, es decir, las tecnologías contemporáneas. Si uno ve la contracara de la fuga que hemos tenido, no sólo de capitales sino de cerebros, la cantidad de argentinos ingenieros, médicos, de altísima capacitación que en el exterior han hecho carreras excelentes, porque tienen capacitación, porque son personas competentes, formados en la educación argentina. Yo diría que casi es más importante retener el talento que el ahorro. Pero si hacemos las dos cosas al mismo tiempo va a ser mucho mejor.

    El país tiene, efectivamente, estos medios y estos recursos. Tiene una capacidad de ahorro importante, podemos sostener una tasa de inversión por lo menos del 25% del PBI. Ese dato del potencial podemos decir que siempre estuvo. Pero hay otros que no estuvieron. En primer lugar la estabilidad institucional. El siglo pasado vivimos más de la mitad con la alternancia de gobiernos civiles y gobiernos de facto. La inestabilidad institucional fue un obstáculo fundamental. Terminamos con la tragedia de la dictadura y finalmente terminamos con la crisis del momento de la transición de la dictadura a la democracia.

    Ahora no es como fue la mayor parte del siglo pasado. Vivimos en democracia, en el marco de la constitución, con instituciones estables, con división de poderes, con seguridad jurídica. Esta es una condición fundamental que no tuvimos en buena parte de nuestra historia.

    La otra cosa que no tuvimos durante mucho tiempo fue soberanía ni estado nacional. Atrapados por los desequilibrios, por las políticas neoliberales, por la falta de divisas, por la deuda, terminamos teniendo un estado que estaba sometido a los criterios de afuera o impotente para hacer cosas porque no tenía plata, un estado sin recursos para hacer lo que tiene que hacer un estado moderno.

    Creo que este otro elemento de la soberanía, de la existencia de un estado nacional, configura sumado a los otros dos, el potencial de los recursos y la solidez de las instituciones, configura una plataforma para el crecimiento del país, como no tuvimos, insisto, en muchísimo tiempo.

    Entonces es muy importante el tema de las ideas. Es precisamente lo que estamos haciendo acá. Tenemos que pensar en el país, a dónde vamos. Allí surgen una cantidad de cuestiones. En primer lugar tenemos que ampliar los consensos de qué tipo de país queremos, qué tipo de economía. Ampliar las bases políticas de un proyecto nacional. Tenemos que resolver definitivamente esta vieja antinomia de campo-industria. Lo que viene de la memoria del país agroexportador, en cierto sentido el país oligárquico, de que la Argentina podía ser el granero del mundo. Claro que tenemos que aprovechar los recursos naturales y aprovechar de esa agricultura formidable que hay en Argentina, que puede mejorarse, pero que ha hecho una revolución tecnológica: la siembra directa, las semillas trangénicas. Hace dos décadas, o un poco más, producíamos 20 millones de toneladas de cereales y oleaginosas y hoy estamos produciendo más de 100 millones.

    No hay ninguna duda que el campo es una parte fundamental para la economía argentina. Pero todo el sector agropecuario, toda la cadena de valor agropecuaria, incluyendo todo aquello que produce para sostener la producción agropecuaria emplea un tercio de la fuerza del trabajo. Si no tenemos una gran industria nos sobra más de la mitad de la población. Entonces Argentina no tiene más alternativa que ser un país con un campo y una industria muy fuerte. Integrada, que cierre el déficit de comercio de manufactura de origen industrial, que balancee el comercio de autopartes, de productos electrónicos, de bienes de capital. Que ganemos capacidad competitiva en esos sectores fundamentales de la industria. Tenemos que pensar el país y ponernos de acuerdo que es otro viejo problema argentino que todavía no está resuelto.

    Si Uds. arañan un poco el debate se va a ver que hay sectores importantes de opinión que siguen pensando que la industria es una anomalía, que lo que Argentina tiene que hacer es producir vacas, carnes, pollos. Está bien y lo estamos haciendo a niveles tecnológicos mayores, ha habido un avance muy importante. Pero no alcanza. Ponernos de acuerdo en una economía de una ancha base de recursos naturales, que por cierto no incluye solamente el sector agropecuario. Tenemos todo el sector minero que en el marco de las políticas neoliberales terminó siendo un sector fuertemente extranjerizado, donde lo que estamos exportando son recursos naturales y no productos terminados. Tenemos que incorporar valor agregado a la producción primaria del campo, de las minas. Ponernos de acuerdo en el consenso sobre este proyecto nacional.

    Tenemos que hacer una reflexión realista sobre este esquema de contrapunto de intereses entre lo privado y lo público. Hemos vivido intensamente estas últimas semanas a partir del tema de la inflación, del ajuste cambiario, el hecho de que efectivamente aparecen grupos que tratan de aprovechar la situación. Pero en realidad el problema nuestro en esta materia de inflación es más complejo porque esta estructura de mercado y estos grupos dominantes están presentes cuando la inflación es del 5% anual o cuando es del 30 o del 40. Cómo explicamos entonces que los mercados se comportan en algunos momentos de manera competitiva y en otros no. Uno de los factores es que cuando tenemos plata y podemos importar, si alguno que produce algo acá se le ocurre que puede cobrar lo que no corresponde entonces simplemente importamos. Hay que tener plata para disciplinar el mercado. Después hay que evitar la incertidumbre. Suelo decir que siempre hay pescadores en río revuelto. Pero ellos están cuando hay río revuelto. Entonces lo que uno se tiene que preguntar qué es lo que ha revuelto al río, de la inflación, del tipo de cambio, de la falta de dólares.

    Si nosotros logramos que las aguas bajen tranquilas, serenas, claras en el cauce del río y no va a haber pescadores en río revuelto. Esos potenciales pescadores estarán haciendo alguna otra cosa mucho más útil: estarán produciendo, trabajando. Lo mismo con estos grupos económicos que a veces dolarizan su dinero o tratan de hacer un margen. Si se le imponen condiciones y reglas de juego, en que la única forma de ganar dinero es produciendo, aumentando la tecnología, exportando, van a hacer exactamente eso. Lo que se llama la burguesía nacional es una construcción política, depende del conjunto de reglas de juego de un estado fuerte, representativo, democrático que establece reglas económicas, que tiene la casa en orden y que abre espacios de rentabilidad para que se pueda ganar plata haciendo cosas buenas por el país.

    Si en vez de eso aparecen circunstancias de incertidumbre, se va a ganar plata especulando. Y la verdad es que la ganancia es la esencia de este sistema que estamos viviendo, que no es previsible que lo cambiemos a corto plazo. Si se observan la historia mundial y la situación actual todos los países desarrollados, incluso estos países emergentes, con ese asombroso caso de Corea o de China, todos tienen economía de mercado. Entonces el problema es administrar el mercado. No hay que pelearse, sino administrarlo a través de fuertes políticas de ordenamiento que transmita realmente la sensación de que el barco está sólido, está bien rumbeado y que puede ir a los destinos que se propone.

    Hay una necesidad de una mejora del diálogo entre los sectores privados y las políticas públicas para salir de esta sensación de encontronazo permanente porque sin perjuicio de quienes a veces se abusan de su situación dominante lo cierto es que esos mismos pueden ser actores importantes de un proceso de transformación. En vez de tenerlos en la verdad de enfrente los tenemos que tener en esta vereda. Eso depende, esencialmente, de la decisión política.

    Para terminar, hemos tratado de señalar algunos rasgos de la situación actual, como salimos de esa fenomenal crisis del 2001, epílogo del neoliberalismo que abarca el peor período de la historia argentina, que va desde 1976 hasta 2001. Fueron 25 años fatales. Nunca nos fue peor bajo ese conjunto de ideas. Hemos pagado un precio enorme, hemos aprendido, hemos recuperado el rumbo, consolidando la democracia, afirmando la soberanía, afirmando la presencia del estado nacional, desendeudándonos. Esta es una plataforma muy importante. Tenemos que hacer todas esas cosas que están fuertemente ligadas a la clarificación de nuestras propias ideas y eso es lo que he tratado de hacer modestamente. Muchas gracias.