• martes 12 noviembre 2019

    25-07-2019

    Al Señor Muchnik



    Hace unos días nuestro Secretario General, Sergio Palazzo, sostuvo que a los trabajadores de Mercado Pago les corresponde el encuadramiento, así como el convenio bancario, dado que la empresa y sus trabajadores prestan servicios financieros. Inmediatamente se desató una agresiva campaña mediática encabezada por Marcos Galperín, líder del grupo Mercado Libre. En una asombrosa entrevista, el periodista especializado en temas económicos, de extensa vinculación al Grupo Clarín, Daniel Muchnik se refirió a los dichos de nuestro Secretario General, y tras sostener que hay que poner límites al matonaje, afirmó que "en Estados Unidos se acabó con Hoffa, matándolo".

    A continuación reproducimos una carta del Sr. Muchnik a Sergio Palazzo y la respuesta de nuestro Secretario General.


    Buenos Aires 15/7/2019
    Sergio Palazzo
    Estimado Señor

    O me he expresado mal en el programa de radio o no he sido comprendido. Para no contestar la andanada de twiters denigrantes donde hay muchísimos equívocos, deseo dejar expresada mi opinión. Aclaro que nunca tuve nada que ver con el Partido Obrero y que me he jubilado de Clarín hace 15 años. Al dueño de Mercado Libre no lo conozco. He leído sobre él en numerosos medios.

    Ratifico como lo he hecho en 54 años de actividad periodística continua mi convicción de que los trabajadores deben gozar de condiciones de vida conformes a un deseable estado de bienestar. En ese sentido la existencia de los sindicatos es irrenunciable.

    También marco que siempre las formas de expresiones que suenan a matonaje en nuestra historia nacional, han dado un mal ejemplo de convivencia y han deteriorado al propio sindicalismo ante la opinión pública.

    La mención a Hoffa marca los peligros que acechan a los propios dirigentes sindicales cuando actúan con imprudencia.

    Hay muertes dolorosas en el sindicalismo internacional y también en el argentino que siempre he lamentado profundamente en mi histórica defensa de la convivencia, los derechos humanos y la vida misma.

    No cabe en mí la apología de la muerte ni el homicidio.

    Lo saludo cordialmente.

    Daniel Muchnik
    Periodista, Escritor y Licenciado en Historia

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    Buenos Aires, 23 de julio de 2019

    Señor Daniel Muchnik
    Presente

    De mi consideración:

    He recibido su nota del pasado 15 del corriente, sitio que utiliza para expresar o aclarar, según sus propios y personales términos, los propósitos que lo impulsaron a volcar “ideas” más cercanas, a mi juicio, a la simple imprecación que a la meditada exposición de una postura.

    Hasta allí, nada podría objetar, toda vez que ése parecería ser el hilo conductor de sus comentarios y su modus operandi editorial. No obstante, hay circunstancias y dichos suyos volcados en la nota en responde, que no puedo –ni sería tampoco provechoso– pasar por alto.

    1. Respecto a lo que Ud. califica como “andanada de twiters denigrantes” con que lo saludaron, poco puedo agregar, ya que en manera alguna ello puede depender de mí y, por otra parte, es un mecanismo que de alguna forma traduce el estado actual o el propio estilo de ese tipo de comunicaciones, puesto que sabido es que muy lejos está de ser una crestomatía del buen gusto. No asumo tampoco como mi tarea el juzgar tales conductas, responsabilidad exclusiva de quienes las cultivan.
    2. El que haya o no tenido que ver Ud. con el Partido Obrero es un dato que me tiene absolutamente sin cuidado, toda vez que siempre me he considerado un libre pensador y un demócrata cabal, integrante de una agrupación política como es la Unión Cívica Radical, cuyas raíces se hunden profundamente en el reconocimiento del pueblo como sujeto político activo.
    3. Más allá de su jubilación en Clarín, como sostiene en su carta, siento mi obligación decirle que en la página de la Fundación Konex, Ud. figura como columnista especializado en el diario Clarín, como Secretario de Redacción, como Adjunto a Vicepresidencia y Conductor de los Programas de Televisión “Control. Argentina” y “Tormenta de Ideas”, los dos por Canal 13 METRO de Cablevisión y Multicanal. Siendo ello así, poca influencia podrá tener su jubilación –que no niego, desde ya– en lo que Ud. pretende mostrar como presunta “desvinculación” del matutino. Los lazos, más que fuertes, a todas luces se incrementan con el tiempo.
    4. Declara que a lo largo de 54 años de actividad periodística continua su convicción ha sido que los trabajadores deberían gozar de condiciones de vida propias del estado de bienestar. Imposible disentir con el postulado, por cierto, aunque el mismo debe ir acompañado de su contraparte: sindicatos fuertes, intrínsecamente libres, autónomos y potentes económicamente, siempre decididos y escuchados protagonistas de las grandes decisiones políticas que hacen al devenir ascendente y vindicativo de la clase trabajadora y de las grandes mayorías populares. No se me escapan que este lenguaje debe a Ud. producirle urticaria, connatural al prejuicio en boga de condenar a los líderes populares y adherir a supuestas y amañadas “doctrinas” sociales cuyo único resultado es la inoculación perversa del odio estúpido, la desavenencia estéril y la aceptación degradante de la servidumbre de los humildes en beneficio de la casta de los privilegiados "hijos de papá". La Historia nos dice que siempre fue así y que sólo la Organización, fuerte y necesaria, sólidamente unida y convencida de su razón de ser y de sentir, con una fuerza equiparable a la de los poderosos dueños del dinero y del poder, pueden hacer frente con éxito a los que pretenden convencer a las masas de que su estado natural es la carencia y que deben contentarse con las migajas que los capitostes se dignen a arrojarles. Tanto así que, abandonando el examen básico y malintencionado del periodismo hegemónico, me jacto de haber enfrentado a todos los gobiernos del signo político que fueren (esto podrá comprobarlo recurriendo a publicaciones referidas a toda mi actuación sindical, desde Mendoza hasta Buenos Aires y en los distintos cargos con que fuera honrado) en cuanto se hacía presente la opción de confrontarlos con el interés de mis compañeros como exclusiva y excluyente meta. Y voy a ser taxativo y reiterativo: el que alegue lo contrario, o miente o es un ignorante.
    5. Parcial asimismo es la interpretación que Ud. ensaya con relación a las “expresiones que suenan a matonaje en nuestra historia nacional” que, siempre a estar a su discutible exégesis, “han dado un mal ejemplo de convivencia y han deteriorado al propio sindicalismo ante la opinión pública”. Colijo de ello que los trabajadores son juzgados y “condenados” (¡!) por esa misma “opinión pública omnisciente” por esta o aquella frase “inconveniente” pero absuelve a quienes le mienten pontificando que “estamos mal pero vamos bien” (otra vez, con alguna variante semántica, se adivina en este tercer desembarco del neoliberalismo en la Argentina). Claro, los despidos, el aumento de la pobreza, la burla inveterada y cruel, el desprecio consuetudinario, el oportunismo declarativo, la mentira sistemática, el engaño planificado y la violencia represiva de la mano de los ejércitos de ocupación a que han reducido a las fuerzas de seguridad que paga el pueblo para ser defendido y no para ser golpeado o algo más grave, según esa muy particular interpretación de los “buenos modales”… no son violencia. Serían, en el peor de los casos, manifestaciones legítimas de quienes se ponderan a sí mismos como “dadores de beneficios y creadores de riquezas”; extremos que francamente resultan, aun con la mejorar voluntad, imposibles de probar. A algunos les toca, entonces, en esta sociedad, decir siempre que a las condiciones que otros imponen, mientras que a éstos le asiste el derecho de decir NO cuantas veces se les ocurra… o convenga. Y, por supuesto, toda expresión que no es de su agrado o del de sus amanuenses es… matonaje (¡!).
    6. Pero decir que “la mención a Hoffa marca los peligros que acechan a los propios dirigentes sindicales cuando actúan con imprudencia” rebasa todos los límites. A ver si lo entiendo: para no tener como destino final el asesinato, el dirigente sindical no debe ser imprudente. ¿Qué es no ser imprudente? ¿Decir siempre que sí y besar la mano que castiga? Esa genuflexión me parece que lleva otro nombre: traición a los propios y vergüenza para un país que creíamos digno, libre y civilizado. Francamente en este punto y ante semejantes disquisiciones se acaban las palabras, porque tal hipótesis no merece siquiera ser contestada y mucho menos considerada. Desde luego, si lo procurara, no tendría más remedio que recordar y ceñirme, por ejemplo, a la bastardía discursiva que un filósofo italiano desplegó, en 1924, como justificación de la muerte del diputado socialista Giacomo Matteotti a manos del fascismo rampante, cuando éste consumaba la destrucción absoluta de la Italia parlamentaria y democrática y empujaba al país a la sima de la guerra. Según esa "doctrina”, Matteotti era en realidad el culpable de su propio asesinato, nada menos que por oponerse tenazmente al Duce y a sus ardides para fundar su dominio político total.
    7. Igualmente coincido con Ud. en que hay muertes dolorosas en el sindicalismo internacional y en el argentino. Claro que sí, pero curiosamente esas dolorosas víctimas fueron siempre mártires, no de ellos mismos por sus actitudes, no de sus ideas, no de su inclaudicable defensa de los trabajadores, no de la esperanza en una Patria libre y justa con mayúsculas, sino de la brutalidad opresora de los que en público ostentaban “buenos modales”, pero en las sombras torturaban, violaban y asesinaban. Los nombres de Agustín Tosco, René Salamanca, Atilio López, Elpidio Torres y tantos otros que será injusto no consignar aquí, no se destacaban precisamente por sus buenos modales para con el opresor. Y lo mismo apunto de tantísimos caídos en aras de la Idea. Aquellos precursores anarquistas libertarios, comunistas y socialistas, por ejemplo, brutalmente reprimidos por los miserables instrumentos armados de la oligarquía, que hoy tienen monumentos y nombres de calles y hasta en alguna institución supérstite, enfrentaba los 1° de Mayo con el pecho descubierto a los sablazos de los “cosacos”. No consta que se florearan con términos académicos ni buenos modales, simplemente masticaban su dolor, repudiaban su inducida pobreza, afrontaban la canallesca ley de Residencia y morían asesinados o en prisión, simplemente, pero con el corazón abierto y los puños cerrados. A todas esas víctimas inmoladas sin “buenos modales” debemos –séame permitido recordarlo– la Justicia Social a la que hoy defendemos enérgicamente porque está en serio peligro de extinción. Ésa es la realidad, que es la única verdad, como dijera un gran estadista argentino, víctima asimismo, como su Pueblo, de quienes se autocalificaron “libertadores” y no vacilaron en fusilar, torturar y entregar a la Argentina a la voracidad de los infaustos poderes internacionales y de sus socios vernáculos.
    8. Por último, celebro regocijado que no quepa en Ud. –tal como lo asevera al término de su nota– la apología de la muerte ni el homicidio. Créame que en mí tampoco.

      Atentamente,

    Sergio Omar Palazzo
    Secretario General

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