• sábado 07 diciembre 2019

    01-12-2019

    Cambio de Paradigma | Hablemos de dinero



    El fracaso de otro proyecto neoliberal. El objetivo de impulsar un modelo virtuoso de desarrollo y equidad

    El gobierno de Alberto Fernández: Un necesario cambio de paradigma

    Cash publica en exclusiva el más reciente documento de los economistas de la UBA reunidos en la Cátedra Libre Plan Fénix. Ante el próximo gobierno y las dificultades que enfrentará a nivel interno, latinoamericano y mundial, este grupo de académicos reiteran los objetivos que guiaron sus propuestas, desde su fundación en el año 2000.

    Por Por Plan Fénix *

    Celebramos la democracia y la participación de la ciudadanía en estas elecciones, tanto en la emisión del voto como en la presencia de manifestaciones en el espacio público. Se pone de manifiesto así que la política en nuestro país tiene capacidad de interlocución con la población lo que se refleja en niveles de participación muy elevados en el acto eleccionario, la adecuada convivencia en el período electoral, la baja incidencia de los votos no positivos (blancos o nulos) y también el escaso apoyo a opciones que puedan cuestionar el orden democrático.

    Expresamos además nuestra expectativa de que el nuevo gobierno represente un cambio de paradigma, tanto en lo económico como en lo social, cultural, científico, ambiental y equidad de género.

    El gobierno cuya gestión concluye en estos días ha sido el último de los tres ensayos de políticas neoliberales. Los dos anteriores tuvieron lugar entre 1976 y 1982, tras un golpe de estado cívico-militar, y en el período 1989/2001, ya bajo el régimen democrático pero en el marco una traumática experiencia hiperinflacionaria.

    En los tres casos, los resultados fueron muy negativos, más allá de aspectos diferenciadores; el crecimiento fue muy bajo o nulo, la pobreza se incrementó, y aun la calidad institucional —un caballito de batalla de los propulsores de estos modelos— no mostró mejoría alguna. 

    Los tres intentos culminaron en crisis, pérdidas de reservas, default abierto o encubierto de la deuda pública, y notables incrementos del desempleo, el trabajo precario y la pobreza. Estas políticas contaron con el apoyo de organismos multilaterales, en particular del Fondo Monetario Internacional, que luego se desentendió de sus consecuencias.

    La tercera experiencia, protagonizada por el gobierno derrotado en las urnas el pasado 27 de octubre, fue la más breve. En los cuatro años de un único mandato presidencial se mostró incapaz de generar un proyecto viable; y se expuso innecesariamente a los caprichos de los capitales especulativos, apostando a una salvadora “lluvia de inversiones” que no ocurrió, aun luego de la firma de un inédito acuerdo con el FMI. 

    De los cuatro años, tres han sido recesivos. El desempleo y la pobreza han aumentado, y con ellos el hambre, afectando fuertemente a la población infantil. Hubo retrocesos en el derecho del trabajo y en la seguridad social. Esto, pese a una conducción política que enarboló la consigna “pobreza cero”, en un país que internacionalmente se encuentra en el estrato de los de ingreso medio-alto; o sea, en un país que no es pobre.

    Disciplinar

    En lo político, este gobierno, con la aquiescencia de parte del Poder Judicial y de medios de comunicación, intentó cooptar a un sector de la oposición en el Congreso y a disciplinar a sectores populares, recurriendo a la coerción. Ha defendido además abiertamente excesos de fuerzas de seguridad.

    La realidad angustiante de amplios sectores de la población dijo finalmente basta, ante la reducción de los ingresos y de la capacidad de ahorro. Pero la salida de esta situación no será fácil

    La alianza política del gobierno saliente, contando con un apreciable caudal electoral e importantes bancadas legislativas, constituirá una oposición sin duda difícil. Tiene mucho que conservar; cada política del nuevo gobierno que implique una redistribución progresiva del ingreso o de la riqueza, va a ser duramente resistida. Cuenta además con el apoyo de medios de comunicación que han logrado una posición dominante, merced a un marco legal favorable.

    En lo económico, el actual gobierno deja una economía en recesión y con elevada capacidad instalada ociosa, una inmensa deuda social y una gran deuda externa. Apoyamos la urgencia de reducir la deuda social en primer lugar. 

    El plan Argentina contra el Hambre, una de las primeras iniciativas de emergencia alimentaria luego de las elecciones generales, es una iniciativa correcta. Y estamos de acuerdo en que solo se puede pagar la deuda si hay crecimiento; las negociaciones con el FMI y demás acreedores deberán seguir ese carril.

    Contexto internacional

    También el contexto internacional muestra complejidades. En el último año, el conflicto geopolítico entre Estados Unidos y China, la financiarización y el deterioro de la economía mundial, unidos a problemas característicos de la relación en cada país entre minorías poderosas y mayorías populares, ha alterado el contexto latinoamericano, que viene sufriendo un acentuado deterioro de los términos de intercambio, y una desaceleración del crecimiento. Se generan así serios desafíos.

    Chile, presentado como un ejemplo exitoso de la economía neoliberal, ha implosionado, como respuesta a la reducida inclusión social y política de las mayorías. 

    Bolivia ha sufrido un golpe de estado cívico-militar que ha terminado con el gobierno más inclusivo de su historia, gobierno que logró además la tasa de crecimiento más alta de Latinoamérica de los últimos catorce años. 

    En Uruguay, después de 15 años de gobierno del Frente Amplio, las fuerzas políticas opositoras han mostrado un renovado vigor, preocupando sobremanera la emergencia inesperada de una opción de ultraderecha. 

    Brasil, en tanto, ha elegido a un gobierno de esta última orientación; su presidente genera múltiples controversias con sus exabruptos homófobos, misóginos, racistas, y su acción contra el medio ambiente. 

    Venezuela continúa con sus problemas políticos en una espiral económica descendente de muy alta inflación, recesión, desempleo y pobreza, dando lugar a una emigración masiva. 

    En Perú la economía crece, aunque a tasas menores, pese a las dificultades políticas; pero el Congreso ha sido disuelto, y los últimos cinco ex presidentes se encuentran involucrados en hechos de lavado de dinero o corrupción (uno de ellos, incluso, optó por el suicidio). 

    En tanto, la población de Ecuador, país dolarizado, se resiste al clásico ajuste que impone el FMI. Colombia también asiste a movilizaciones masivas en contra de políticas de ajuste y reformas laborales y en la seguridad social.

    Objetivos

    Ante el próximo gobierno y las dificultades que enfrentará a nivel interno, latinoamericano y mundial, reiteramos los objetivos que guiaron las propuestas del Plan Fénix, desde su fundación en el año 2000, ratificadas en el documento dado a conocer en mayo de este año .

    Un país en que la totalidad de la población esté bien alimentada, sana, instruida, que tenga acceso a trabajos de calidad y que el proceso de trabajo no deteriore la salud.

    * Recuperar el salario real y la participación dentro del ingreso nacional para hacer posible un nivel de vida digno, con plena vigencia de los derechos laborales, sociales y previsionales.

    * Generar empleos decentes para los jóvenes promoviendo con políticas sociales la terminalidad y finalidad educativa y su acceso a las universidades públicas.

    * Una economía inclusiva que crezca de manera sostenida sin deteriorar el medio ambiente, en una democracia abierta, que promueva la igualdad, sin ninguna forma de discriminación (política, étnica, religiosa, de nacionalidad, basada en el sexo o en la diversidad de género).

    * Una sociedad que sea transparente y solidaria, participativa a nivel local y dentro de las empresas y organizaciones, promoviendo empresas cooperativas donde tenga vigencia la democracia económica, reconociendo los derechos y asumiendo en contrapartida la responsabilidad de construir un país más justo

    Aspiramos a que estos objetivos también puedan ser logrados por el resto de los países de América Latina.

    Distribución

    El neoliberalismo académico plantea que no se puede distribuir sin antes crecer; pero en el caso argentino, la reactivación de la inversión y del crecimiento precisa de una recuperación simultánea de la demanda interna: nadie invierte si no es para responder a una demanda creciente, y menos aún con casi la mitad de la capacidad instalada sin utilizar

    Por ello, es imperativo crecer y distribuir no solo por razones éticas y sociales, sino también económicas. El crecimiento al que aspiramos solo tiene viabilidad y sentido si convoca e incluye a las mayorías, tanto a fines de inclusión como de sostenimiento de la demanda. Todo esto, desde ya, sin desatender los necesarios equilibrios macroeconómicos.

    Este proyecto demanda políticas activas y convocantes, que apunten a una estructura productiva diversa, articulada e inclusiva, combinando desarrollo primario, servicios modernos y profundización industrial.

    Los cambios tecnológicos de la cuarta revolución industrial en ciernes presentan un desafío importante para los países en desarrollo. No solo puede verse afectada la estructura de poder de los países, también el intercambio económico nacional e internacional, el empleo, la cultura, la privacidad y otros aspectos de la vida social. Se requiere, por lo tanto, un Estado con capacidad preventiva y reactiva para enfrentar y conducir este proceso, sin restringir la innovación tecnológica puesta al servicio de la producción de bienes y servicios de interés colectivo. 

    Es necesario evitar que, frente a la aceleración del cambio tecnológico, se ensanche la brecha con los países líderes, creándose así una nueva forma de dependencia. En el caso de nuestro país, el Estado debe estar capacitado para comprender las oportunidades y riesgos de estas innovaciones, asumiendo el rol que le cabe en cada caso en su promoción, regulación o financiamiento.

    La colonización de la subjetividad por parte de propulsores de proyectos regresivos requerirá una respuesta cultural y académica/científica acorde; esto contribuirá decisivamente a apuntalar un patrón económico-social sostenible e inclusivo. En este sentido, una de las tareas más importantes consistirá en devolverle a la cultura y a la educación el lugar que requiere nuestra sociedad. No menos central será asegurar la plena vigencia de los derechos y las libertades.

    Más allá del triunfo electoral, es necesario también revisar constructivamente los aciertos y errores del período 2002-2015, apuntando a mantener los consensos necesarios para la unidad de los sectores mayoritarios alcanzada.

    El Plan Fénix ratifica en esta nueva etapa que se inicia el próximo 10 de diciembre, su disposición a contribuir, con sus ideas y propuestas. Esperamos así que se encuentre el rumbo hacia un modelo virtuoso, seguramente al alcance de nuestras capacidades y potencialidades.

    Seguiremos por lo tanto en la búsqueda de consensos cada vez más amplios y necesarios de políticas y estrategias que nos conduzcan a este ideal de país acorde con nuestras potencialidades y capacidades, en un contexto internacional crecientemente interdependiente y complejo. Para ello, es nuestra intención convocar al conjunto de las universidades y a referentes políticos y sociales, para sostener un debate intenso y pluralista sobre estos temas.

    * Cátedra Abierta de Plan Fénix, Facultad de Ciencias Económicas, UBA.

    Publicado en Página 12/1-12-19


    HABLEMOS DE DINERO

    Propuestas para acabar con la fuga y la especulación y apoyar la producción y el consumo

    Por Horacio Rovelli

    El dinero nace de la necesidad de expresar y medir en un denominador común el valor de distintas mercancías (entre las cuales se considera al trabajo). «Precio» es el valor de una mercancía expresado en dinero. Gracias a la existencia del dinero, el productor del bien o servicio sabe que el fruto de su trabajo es valor.

    La principal función del dinero es la de ser el nexo entre los distintos agentes que conforman el circuito económico de producción, distribución, comercio y consumo, de manera tal que crezca en espiral retroalimentándose, con lo que mejora el ingreso de la población.

    Pero en nuestro país, y esencialmente cuando la restricción externa es mayor y por ende es menor el ingreso de divisas presente y futuro, empleamos nuestra moneda para la compra y venta de mercancías, pero usamos el dólar como reserva de valor (como ahorro) y para la compra de propiedades y bienes de mayor precio. Esa dicotomía provoca un deterioro permanente de la demanda de nuestra moneda. Si a ello le sumamos la necesidad de emitir dinero para financiar el déficit fiscal, se termina convalidando un aumento generalizado de los precios que a su vez erosiona el valor de la divisa en el mercado local, con la presión de que se ajusten ambos valores en una nueva devaluación, entrando en un circuito de devaluación-inflación que puede incluso retroalimentarse y terminar en fuerte devaluación y por ende alta inflación.

    Esto sucede porque el tipo de cambio real es una relación entre los precios internos expresados en dólares y los precios internacionales. Si nuestros precios crecen más que los del exterior, tarde o temprano deben equilibrarse, de allí que cuando uno pondera el fuerte crecimiento de las importaciones debido al mayor nivel de actividad, como ocurre con la energía, la tecnología, y los insumos que no producimos o no lo hacemos en la calidad y cantidad suficiente, se atrasa el tipo de cambio. Además las importaciones innecesarias compiten deslealmente con la producción nacional, crece el gasto en turismo externo, y toda una gama de erogaciones que aprovechan el atraso cambiario.

    Una parte del fuerte superávit comercial acumulado desde 2003 hasta 2012, de 128.100 millones de dólares corrientes, se empleó en pagar deuda externa. Otra parte se invirtió en el país, pero la fuga de capitales fue inmensa. Basta solamente con conocer la infidencia de dos empleados de bancos extranjeros que operan en nuestro país:

    • Uno del banco HSBC, el ingeniero Hervé Falciani, que trabajó en la sucursal del holding financiero asiático-inglés en Ginebra, Suiza, quien extrajo la información referida a 130.000 clientes de la sucursal helvética, entre 2006 y 2008. Entre ellos había 3.900 cuentas bancarias abiertas por individuos y sociedades argentinas que no fueron declaradas al fisco argentino (fuga de capitales con nombre y apellido).
    • Otro, un ex ejecutivo de cuentas del JP Morgan para Argentina, Hernán Arbizu, quien en su declaración ante la Justicia estimó que, entre los diez bancos con mayor actividad en materia de colocación de depósitos de argentinos en el exterior no declarados al fisco, se acumulaban en 2010 unos 85.000 millones de dólares en negro. En ese listado, Arbizu señalaba que en sólo cuatro de ellos se concentraba el 65 por ciento del monto fugado (55.000 millones de dólares). Entre esos cuatro, el HSBC aparecía en un tercer lugar con una cartera estimada en unos 10.000 millones de dólares.

    Por supuesto la fuga de capitales se profundizó y expandió con el gobierno de Cambiemos, que levantó todas las limitaciones a la compra de divisas y su giro al exterior, de manera tal que, según el BCRA, desde el 1° de enero de 2016 al 31 de octubre de 2019 la formación de activos externos (FAE) de residentes argentinos en el exterior fue de 84.200 millones de dólares.

    En el final de la gestión de Macri pusieron un límite primero de 10.000 dólares por persona y por mes, y de 100 dólares o 200 por home banking tras la derrota en las elecciones nacionales del 27 de octubre de 2019.

    Haber dejado actuar libremente a las entidades financieras y cambiarias reprodujo el clásico de “pesos contra dólar”, de manera tal que las tasas que las entidades financieras les pagaban a sus clientes para que se quedaran en pesos fueron cada vez mayores y, aún así, no se frenaba la compra de divisas.

    Si observamos el cuadro de grandes números del BCRA, apreciamos que las Reservas Internacionales descienden desde las PASO en 22.771 millones y en cambio la Base Monetaria que es el dinero creado y puesto en circulación por el BCRA se expande en $ 298.685 millones por un lado, pero por el otro se pierden depósitos en dólares en las entidades financieras del sistema por 14.469 millones de dólares, corroborando la “fuga”, También descienden las LELIQs, que funcionan como encaje remunerado (por $ 710.235 millones al 21 de noviembre de 2019).

    En millones de pesos o de dólares según corresponda. Fuente: BCRA.

    Lo que decimos con esto es que las reservas internacionales del BCRA son exclusiva y totalmente deuda externa contraída por el Tesoro de la Nación, que le vendió esa deuda al tipo de cambio oficial al BCRA (conformando sus reservas internacionales) para cubrir sus gastos en pesos (los contratistas, jubilados y pensionados, prestadores de servicios y trabajadores públicos cobran en pesos). Sin embargo, de esa deuda el BCRA vendió irresponsablemente a quienes sacaron esos dólares del circuito productivo argentino la suma de 22.771 millones de dólares tras las PASO, suma que es similar a los compromisos por deuda en divisas para los primeros seis meses del nuevo gobierno.

    Paralelamente el BCRA pagó tasas siderales en LELIQs que rondaron el 70% anual en este año 2019, para que las entidades a su vez participaran de esa renta financiera a sus clientes, generando un circuito perverso que debieron pagar los tomadores de créditos con el único fin de frenar la depreciación de nuestra moneda, que tampoco consiguieron, dado que era de $ 20,20 la unidad de moneda de los EE.UU. el 25 de abril de 2018 cuando la autoridad monetaria vendió ese solo día más de 1.200 millones de dólares y se triplicó en su precio a noviembre de 2019.

    Una nueva política monetaria y cambiaria

    Se debe continuar con un férreo control cambiario e imponer un impuesto a la compra de divisas para ahorro, como hace Italia, que cobra una tasa del 19% por esa operación. De esa manera se da un primer paso para no repetir la puja entre tasa de interés y dólar en beneficio del capital financiero y perjudicando al sistema económico productivo y distributivo.

    Todos los países que crecen en el mundo tienen tasas de interés bajas en su moneda y tipo de cambio alto. Tras la impericia del gobierno de Cambiemos el tipo de cambio es alto, medido como se lo quiera medir, incluso con los criterios de la convertibilidad. Si dividimos la Base Monetaria ($ 1.643.444 millones) por las reservas internacionales del BCRA (U$S 43.358 millones) da un tipo de cambio promedio de $ 38, por lo que si se persevera con el control cambiario, se está en condiciones de reducir drásticamente la tasa de interés y a la vez, generar créditos a plazos para que el aparato productivo en general y las pymes en particular puedan recomponer su capital de trabajo.

    Lo demostró este mismo gobierno cuando impuso el severo control cambiario el lunes 28 de octubre de 2019 y observamos a un mes vista que el precio del dólar se detuvo (por fin) y las tasas de interés descienden. No descienden más porque los ahorristas temen un plan que inmovilice las imposiciones, con lo que de reducirse más la tasa ven que el riesgo es mayor que lo que pueden percibir de interés.

    Varias propuestas profundizarían ese rumbo:

    • Una moneda no convertible. Dados los serios problemas de liquidez generados por el gobierno de Cambiemos (falta plata para comprar bienes y servicios), y la necesidad de asistir a la población, se necesita contar con una moneda no convertible. No serviría para comprar pesos ni divisas u otros valores convertibles (joyas, oro, etc.) ni títulos públicos, acciones, cheques o cualquier otro instrumento bancario sujeto a interés. Sólo se podrían comprar y vender con ella bienes y servicios en el mercado interno y pagar los impuestos, por lo que serviría exclusivamente como moneda transaccional en la Argentina. A medida que el Estado nacional fuera percibiendo los pagos con esa moneda no convertible, rescataría esos billetes, reemplazándolos por pesos, de esa manera se crearía un medio de pago genuino y no atado al dólar
    • Una tarjeta denominada DIGNA, pensada por un equipo de profesionales cuyo coordinador es el columnista de El Cohete Carlos Cleri, en que los beneficiarios de la AUH y los jubilados y pensionados que cobran la jubilación mínima o en torno a ella, recibirían un refuerzo monetario mensual que solo podrían utilizar para consumir un conjunto predefinido de alimentos y medicamentos en una red específica de establecimientos, comercios y mercados. Esto sería posible porque el sistema funcionaría 100% de forma digital, pudiendo realizarse los pagos solamente a través de una tarjeta o de una aplicación móvil, la cual no autoriza una operación que incluya productos que no formen parte de la listan que compone el programa. El sistema funcionaría por fuera del circuito bancario. Para ello se debe crear una Blockchain (tecnología de vanguardia en términos de registro y transferencia de información) de propósito específico administrada por el Estado nacional.
    • El uso de un cheque cancelatorio. Lo creó la Ley 25.345 para comprar propiedades (inmuebles, terrenos, etc.), pero debe ser transformado para que su uso sea exclusivamente en pesos. Se debe contar con dinero local y si se poseen divisas, hay que depositarlas en el banco, que libra el cheque cancelatorio. Contra ese cheque, el BCRA entregaría dinero local al tipo de cambio oficial.
    • Recrear un Banco de Desarrollo, similar al Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil que fomenta la expansión de la industria y la infraestructura del país, apoya a la exportación, la innovación tecnológica, el desarrollo socio ambiental sostenible y el apuntalamiento de la obra pública.

    Existe una amplia gama de instrumentos para generar créditos y liquidez al sistema económico argentino, para lo que principalmente se debe terminar con la lógicas rentista de las leyes 21.526 de reforma financiera de 1977, y 24.144 de Carta Orgánica del BCRA de Domingo Cavallo, que deben ser modificadas para propiciar el crédito a la producción y al trabajo, para que el crédito vuelva a ser un bien público, tanto porque se nutre con la agregación del ahorro de los ciudadanos como porque su uso repercute en la economía de toda la población. No podría emplearse, en cambio, para comprar divisas o para la especulación financiera ni se prestaría a cuentagotas al sistema productivo, a tasas confiscatorias del capital del solicitante.

    Basta ver que antes de la reforma financiera de 1977 el crédito al sector privado, no solamente era mucho mejor distribuido, abasteciendo a diferentes sectores y regiones del país, sino que representaba el 45 % del PIB. Al día 21 de noviembre de 2019 representa el 7,6% del PIB, y solo es negocio para los grandes bancos a los que les confiere un poder excepcional sobre la mayoría del país.

    Se trata de que el dinero cumpla su rol de nexo y permita la realización de todas las operaciones propias de su función, ser un denominador común de todos los bienes y servicios y que tenga valor en sí mismo, valor que le confiere el Estado y que nace de una economía pujante en crecimiento y distribuyendo equitativamente los ingresos, como supimos tener, por ejemplo, en los gobiernos de Perón y de Illia.

    Publicado en El cohete a la luna/1-12-19